¿Qué pasa con Edesur?: miles de usuarios sin luz, "rehenes" de una empresa con destino incierto en Argentina
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A fines de enero del 2024, el grupo italiano ENEL, controlante de la operación de Edesur en Argentina, confirmaba oficialmente que deba marcha atrás con su decisión de abandonar el país y aseguraba que sostendrían sus negocios, debido a las buenas las expectativas por las reformas que lleva a cabo el nuevo gobierno.
Había pasado un poco más de un mes de la asunción de Javier Milei como nuevo presidente del país y los representantes fueron hasta la Casa Rosada el 28 de enero del año pasado para contarle al ministro de Economía, Luis Caputo, sobre la decisión de sacarle el cartel de venta a Edesur, decisión que habían tomado durante el gobierno kirchnerista debido a los más de 12 años de congelamientos tarifarios y falta de acuerdos para poder encausar la concesión.
En ese momento, los ejecutivos de ENEL tenían una "mirada positiva" sobre las reformas que comenzaba a aplicar la gestión libertaria para cambiar el rumbo de la economía y, en particular, el sector energético a partir de los postulados de la nueva Ley Bases que unos meses después se votaba favorablemente en |el Congreso.
A partir de ese "marcha atrás", la que es considerada la mayor distribuidora de electricidad de la Argentina y una de las más importantes de América latina, pasó a integrar la lista de "empresas amigas" del Gobierno.
En especial porque representaba parte del discurso libertario sobre la mala injerencia del Estado en un sector clave para el país como el de los servicios públicos, controlado, regulado y totalmente fuera de los parámetros necesarios para poder ofrecer un sistema coherente a los usuarios de luz y gas.
Historia de desencuentros
ENEL había desembarcado en Edesur en el 2008 cuando a nivel internacional asumió la mayoría accionaria de la española Endesa, que era dueña de la distribuidora eléctrica argentina, y también heredó las centrales a gas Costanera y Dock Sud, y la hidroeléctrica El Chocón, en las provincias de Neuquén y Río Negro.
Pero, 15 años después, en el 2023, el holding italiano comenzó con el proceso de desinversión en el país que había anunciado en noviembre de 2022, poniendo en venta las generadoras eléctricas Costanera y Dock Sud, para luego salir de Edesur.
La decisión se había tomado en la casa matriz del grupo en Milán y luego de más de una década de encontronazos con los diferentes gobiernos kirchneristas por la regulación de las tarifas.
Esta pelea, y los años de congelamientos y aumentos restringidos ha desgastado las estrategias comerciales de las empresas que, durante años, debieron aceptar competir en un negocio donde las ganancias estaban reguladas pero los costos crecían a la misma velocidad que la inflación.
Políticas oficiales que llevaron a Edesur a convertirse en la distribuidora que mayor dinero perdió en la Argentina, que tiene las tarifas más bajas de la Argentina y de Latinoamérica y la que más cortes de luz ha generado en su zona de influencia, repitiendo este mes de marzo lo que le sucedió en febrero del 2023, cuando la gestión de Alberto Fernández llegó hasta la amenaza de anular la concesión de la compañía.
La esperanza en Milei
Sin embargo, el plan del presidente Milei para cambiar el rumbo del país y sostener una economía de libre mercado, desregular el sector energético y quitar el pie del Estado de las tarifas convenció a los ejecutivos de ENEL de mantenerse en la Argentina tratando de lograr consensos con las nuevas autoridades para renegociar un contrato de concesión que contemple mejoras en los valores de la energía que la empresa vende en su área de operación que abarca cerca de 2,5 millones de clientes, llegando a más de dos millones de hogares y abasteciendo a comercios y a grandes empresas.
Además, su área de concesión es de 3.300 km2 y abarca la zona sur de Capital Federal y 12 partidos de la provincia de Buenos Aires.
La pregunta en la actualidad que surge de los cortes de luz ocurrido en los últimos días, precisamente en la zona de influencia de Edesur, es qué pasó y cómo fue que la compañía volvió a tener los mismos problemas y las mismas deficiencias que en épocas de facturas congeladas e inversiones en caída, cuando ahora los precios de sus tarifas se corrigen mes a mes, se encuentra renegociando un contrato de concesión y prometió millonarios desembolsos para mejorar la calidad de sus servicios.
Es decir, a qué se debe que la terrible ola de calor que afecta a la Ciudad de Buenos Aires y parte de la provincia de Buenos Aires haya afectado solamente el suministro de Edesur cuando su prima cercana, Edenor, no atravesó por los mismos problemas a pesar de compartir ambas una misma regulación y un similar cuadro tarifario.
¿Culpa del congelamiento?
Si bien las respuestas más creíbles dan cuenta de las diferencias de infraestructura que las dos recibieron cuando se privatizó Segba o el disímil entramado urbano, lo cierto es que la falta de mejoras en sus operaciones siempre se sintió más en Edesur que en Edenor.
Y la razón que, en privado, siempre esgrimieron sus ejecutivos se vincula con la política kirchnerista de no permitir subas tarifarias que acompañaran los mayores gastos y los galopantes índices inflacionarios.
Esto, a pesar de que esas políticas también afectaron a Edenor, con la diferencia que la distribuidora actualmente controlada por los empresarios Daniel Vila; José Luis Manzano y Mauricio Filibberti, casi siempre estuvo en manos de capitales nacionales.
Un dato que no es menor si se tiene en cuenta que quienes estuvieron y están al frente de la empresa lograron siempre mayor "cintura" para negociar con los sucesivos gobiernos a diferencia de los capitales extranjeros que muchas veces no tienen llegada a la Casa Rosada y manejan sus operaciones en el exterior "vía zoom".
Así fue como su caja y sus finanzas se fueron deteriorando año tras año y sus inversiones se fueron reduciendo y alcanzaban para mantener operativa a la compañía, pero sin poder mejorar su infraestructura.
Acumulación de pérdidas
Es más, en los últimos dos años, la distribuidora acumuló pérdidas netas por casi $200.000 millones, de los cuales $174.000 millones fueron del 2023 y el resto del año pasado.
Y desde el año 2000, sus estados contables reflejaron nada más que tres períodos positivos y otros siete negativos.
Con una importante salvedad vinculada al del 2019, cuando informó ganancias por $12.600 millones que fueron producto de un asiento contable vinculado al intercambio de deudas cruzadas con el Estado nacional para la resolución de los asuntos regulatorios pendientes relacionados con el período 2006-2017.
La distribuidora también sintió los efectos de la recesión y la crisis económica, ya que sus ingresos siguieron cayendo debido a una menor demanda de energía como resultado del contexto macroeconómico adverso.
De hecho, solamente en el 2018 y el 2015 repitió balances positivos, con ganancias por $3087 millones y $1330 millones, respectivamente.
El resto de los estados financieros de los años que componen la última década fueron escritos en rojo como lo demuestran los del 2010, cuando perdió $52,7 millones; o del 2011 con otros $461 millones, mientras que en el 2012 su rojo fue de $1066 millones. Un año después, pasó a pérdidas por $1160 millones; en el 2014 a $1358 millones.
Luego del resultado positivo del 2015, en el 2016 volvió a la senda negativa con una pérdida por $276 millones. El 2017 lo cerró también en rojo, con $1.046 millones, para lograr nuevamente un resultado positivo en el 2018, al igual que el balance del 2019 con el ajuste contable explicado más arriba de esta nota.
El cierre de la década, lo da el estado de resultados del 2020, cuando retomó el sendero de complicaciones y cerró el año otra vez en rojo.
Es más, casi todos los datos de este período fueron negativos, perdiendo $18.790 millones en comparación del rojo del 2021 que había llegado a los $36.601 millones.
Infraestructura deteriorada
Con este escenario, la empresa debió además financiar costos de obras y mantenimiento que no dejan de aumentar, así como los gastos de materiales, contratos con terceros y las subas salariales pactadas con el gremio del sector.
Dicho escenario, obligó al grupo ENEL a asistir financieramente a su controlada en varias oportunidades con dinero que superó los $20.000 millones en un solo año con el fin de sostener la operatividad de la compañía y afrontar el cierre presupuestario de cada período.
La crisis de caja no se detuvo ni siquiera con los más de u$s500 millones invertidos por Edesur en los mismos años debido a que la caída de sus ingresos continuó siendo preocupante, como en el caso del 2022 cuando sus tarifas se ajustaron un 8%, muy por debajo de la suba del costo de vida, llegando a ser insuficientes para cubrir sus costos fijos.
Tampoco en los momentos actuales los ajustes en sus facturas parecen alcanzar si se tiene en cuenta que la empresa mantiene fuertes pérdidas y tuvo que refinanciar el pago de varios préstamos que debía haber cancelado en diciembre pasado por un monto total de $77.467 millones.
De ese dinero, $23.576 millones corresponden a capital, y $53.891 millones a intereses devengados y no pagados.
Si bien el año pasado sus pérdidas se redujeron con relación al balance del 2023 gracias a la liberación de las tarifas definida por el gobierno de Javier Milei, de todos modos, no alcanzó para revertir el escenario negativo.
Cómo mantener el servicio
La empresa sigue presentando pérdidas operativas recurrentes y un capital de trabajo negativo, aunque sus ejecutivos confían en que este año la situación podrá equilibrarse a partir de que la adecuación transitoria de tarifas y el resultado del proceso de Renegociación Tarifaria Quinquenal permitan recomponer su ecuación económico-financiera.
En un documento enviado hace pocos días a la Comisión Nacional de Valores (CNV), el directorio de Edesur parecía anticipar los problemas de suministro que actualmente la han llevado a ser una de las empresas de servicios públicos menos simpáticas para los argentinos y también para el propio gobierno nacional.
En dicho informe se sostenía la necesidad de encarar un "un trabajo conjunto con las autoridades que permita encontrar las soluciones necesarias para poder mantener un servicio esencial como la distribución de energía eléctrica".
De hecho, sus ejecutivos prevén mejorar en un 10% el índice de calidad (SAIDI) con respecto al de cierre de 2023, considerando el nivel de inversiones previstos en el presupuesto y eficiencias de índole operativo.
Sin embargo, en el 2024, sus números tampoco mejoraron, con un EBITDA negativo en $10.892 millones contra uno también negativo pero de $141.115 millones en el 2023, lo cual marca una diferencia del 92% entre ambos períodos.
Del mismo modo, su resultado operativo fue negativo en $180.297 millones al igual que en el 2023, cuando alcanzó los $267.632 millones.
En el caso del resultado del ejercicio fue de una pérdida de $29.114 millones en comparación con un rojo de $173.628 millones del 2023, lo cual marca una caída en sus pérdidas del 117%.
En el caso de las inversiones, Edesur informa que el año pasado llegaron a los $219.302 millones contra los $201.063 millones del 2023, marcando una suba del 9%.
Sin embargo, ese monto parece no haber alcanzado para anticipar los cortes de luz de estos días los cuales sus ejecutivos atribuyen a las jornadas con sensaciones térmicas de 47 grados y una demanda que alcanzó los 4395 MW en su zona de concesión, cerca del récord de 4545 MW.
Distribuidora en la mira
De todos modos, el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) inició un expediente de oficio para investigar los cortes masivos que afectaron a más de un millón de usuarios en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) el pasado miércoles 5 de marzo por fallas en dos líneas de alta tensión de Edesur.
El organismo viene monitoreando las tareas de restablecimiento y ya le solicitó a Edesur los informes técnicos y la documentación que avale los trabajos de mantenimiento realizados en las líneas afectadas que llegaron hasta dejar sin suministro a la Casa Rosada y otras dependencias oficiales, además del Congreso y el subte y líneas ferroviarias como las del Roca y Mitre que registraron demoras, aunque el servicio se restableció horas después.
Desde Edesur, explicaron que "se produjo una falla en una línea de alta tensión que afectó a varias de nuestras subestaciones". Sin embargo, la demora en la normalización del suministro generó malestar entre los usuarios, quienes reclamaron respuestas a través de redes sociales.
El apagón impactó en zonas clave de la Ciudad de Buenos Aires, como Almagro, Balvanera, Parque Patricios, La Boca y Villa Crespo, además de localidades del sur del Conurbano.
En las últimas horas, Edesur registra aproximadamente 36.000 cortes de servicio, mientras que Edenor, la otra distribuidora eléctrica del AMBA, reporta 2.000 interrupciones.
El ENRE asegura estar "estar investigando para proceder conforme al marco regulatorio en lo que a multas y sanciones se refiere", mientras que los usuarios afectados esperan respuestas concretas y soluciones definitivas para evitar nuevos episodios de este tipo.