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Andrea Ferreyra: "En Argentina estamos produciendo vinos auténticos y genuinos como nunca antes"

La jefa de enología de Bodega La Celia, pionera en Valle de Uco, analiza el presente del vino argentino y el desafío de reflejar el terroir en cada botella
25/03/2025 - 18:15hs
Andrea Ferreyra: "En Argentina estamos produciendo vinos auténticos y genuinos como nunca antes"

Cuando se habla del Valle de Uco como hub para la producción de vinos de clase mundial, se suele pensar en que es una región nueva, con poca historia. Y si bien hay algunas zonas, sobre todo en altura, que se desarrollaron muy recientemente, también es verdad que su historia comenzó a escribirse casi un siglo y medio atrás, de la mano de Bodega La Celia, que actualmente trabaja 380 hectáreas en tres terroirs clave: Eugenio Bustos, La Consulta y Paraje Altamira.

Y la responsable de liderar enológicamente esta bodega es Andrea Ferreyra, una referencia ineludible al hablar de vinos del Valle de Uco. Su experiencia, que le permite recordar el más mínimo detalle de las últimas 20 vendimias en la bodega, y su enfoque técnico sólido, la convirtieron en una de las voces más respetadas en esa región de Mendoza.

En diálogo con iProfesional, cuando se le pregunta cuáles fueron los principales cambios que experimentó como profesional, desde que comenzó a trabajar en la industria hace 30 años, Andrea reflexiona: "Creo que todos los profesionales, cuando comenzamos, tenemos una mezcla de ingenuidad, romanticismo y utopía. En mi caso, el gran cambio de perspectiva llegó entre 2003 y 2004, cuando hice un posgrado. Ahí comprendí la realidad de lo que es el vino como negocio. Esa fue una transición clave, porque hasta entonces mi mirada estaba centrada solamente en la parte técnica. Pero a partir de ese momento empecé a entender cómo funciona la comercialización, las pirámides de precios, la rentabilidad. Fue un cambio de mentalidad muy fuerte y muy positivo también, porque sumé herramientas fundamentales. Los enólogos hoy tienen que tener una mirada integral

-Claramente, el rol ha evolucionado mucho en estos últimos años…

-Definitivamente; antes, el enólogo se ocupaba sólo de la parte técnica, con un fuerte rol administrativo para cuadrar inventarios con el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Hoy nuestra tarea va mucho más allá: lideramos equipos, colaboramos con ventas, marketing, compras y, sobre todo, trabajamos de la mano con los agrónomos. Antes, la uva llegaba a la bodega y listo. Ahora, en cambio, hay una simbiosis real entre el viñedo y la enología. Además, aunque no diseñamos etiquetas o botellas, participamos en la toma de decisiones para aportar nuestra visión.

-¿Y esta tendencia de asumir un rol más transversal también se da en otros países o es algo más típico de las bodegas argentinas?

-Depende mucho del tamaño de la bodega. En producciones pequeñas, el enólogo o el dueño hace de todo: maneja el tractor, atiende visitas, supervisa la vinificación. Pero en bodegas más grandes, el rol está muy delimitado. Me ha tocado visitar bodegas en el exterior donde el enólogo solo se ocupa de la parte técnica, sin involucrarse en marketing o diseño de producto. En Argentina, en cambio, solemos ser más todoterreno.

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"Cada experiencia te queda marcada y te permite entender el vino desde otra perspectiva", remarca Andrea Ferreyra

-De esas tres décadas como profesional, hace casi 20 que estás liderando Bodega La Celia. ¿Te imaginabas estar tanto tiempo en ese rol?

-No exactamente, pero sí sabía que quería estar muchos años. Lo elegí desde el primer día, nadie me obligó a venir al Valle de Uco. Y todos los días sigo eligiéndolo. En el exterior, cuando a los clientes e importadores les digo que llevo casi 20 vendimias, la reacción es muy positiva, porque habla de la consistencia y solidez del proyecto y esto también se traduce en los vinos. Aunque un equipo bien armado puede funcionar más allá de una persona, la experiencia acumulada sin dudas que es un plus.

-Esa memoria enológica es clave, porque te da un conocimiento sobre el terroir invaluable. ¿Cómo influye en tu trabajo diario?

-Muchísimo. Por ejemplo, cuando hacemos degustaciones verticales, me acuerdo perfectamente de los detalles de cada vendimia. Y cada experiencia te queda marcada y te permite entender el vino desde otra perspectiva. No es lo mismo leerlo en un informe que haberlo vivido en primera persona.

-Y vinculado con esto, ¿cuánto se "transpira" en una vendimia? Me refiero a la presión que sienten los enólogos durante esas semanas críticas en las que no hay margen de error…

-Mucho. Especialmente cuando hay fenómenos climáticos extremos. Yo venía de trabajar en Luján y Maipú, zonas cálidas, y al llegar al Valle de Uco me encontré con otro mundo. Hay momentos duros, pero también una enorme satisfacción cuando ves el resultado final.

-Hablando ahora puntualmente de los vinos de La Celia, encaraste un trabajo muy ambicioso para entender, comunicar y reflejar las características de los suelos en cada vino que producís. ¿Qué podés destacar de todo ese proceso?

-Creo que el gran cambio ha sido la profundización en el estudio de los suelos. Antes se pensaba en varietales y en crianza, pero ahora el terroir es protagonista. Ese conocimiento nos permite elaborar vinos con identidad propia. La clave está en seguir investigando y adaptándonos a los nuevos desafíos del mercado sin perder la esencia de nuestro vino. La investigación sobre los suelos es esencial, es la base de todo. A medida que pasa el tiempo, los conocimientos van avanzando. Cuando yo comencé, hablábamos de suelos de manera bastante básica, como franco arenoso o franco arcilloso, sin profundizar en detalles. Pero ahora nos damos cuenta de que el suelo tiene un impacto mucho mayor, es el medio donde la planta se desarrolla, la conexión entre las raíces y la parte aérea de la planta. Así que, definitivamente, a medida que avanzamos, vamos a seguir profundizando en este aspecto.

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Bodega La Celia es pionera en la región de Valle de Uco, Mendoza

-Es interesante cómo el concepto de "calidad" de los vinos cambió radicalmente. Hace 20 años, sobre todo por la influencia de algunos críticos, se asociaba con la concentración, la madurez y la estructura de los vinos, variables que tapaban las sutilezas del terroir…

Exactamente. Hubo un momento en que la calidad se medía en términos muy técnicos, como la cantidad de polifenoles o la concentración. Pero pronto nos dimos cuenta de que no era suficiente para diferenciar un vino. Si todos hacíamos lo mismo, con la misma concentración, los vinos resultaban muy similares, aunque fueran de excelente calidad. Ahora, la clave está en los detalles, en encontrar los aspectos que realmente hagan único a un vino. Y eso va más allá de los números.

-¿Y cómo se enfrenta la bodega al desafío del cambio climático?

-El cambio climático es uno de los mayores desafíos que estamos enfrentando como industria y a nivel global. El año pasado, tuvimos un seminario interno con todos los enólogos de la bodega, donde discutimos cómo el aumento de la temperatura global afectará la maduración de la uva. Los pronósticos indican que para 2050 la temperatura promedio subirá 1,5 grados, lo cual es un escenario bastante probable. Esto cambia la forma en que producimos vino, no solo en términos de la madurez de la uva, sino también en el contenido de alcohol y el pH. Es un gran desafío, especialmente con variedades como el Cabernet Sauvignon, que no siempre se adaptan bien a las altas temperaturas. Estamos buscando maneras de adaptarnos a estos cambios, por ejemplo, con los tiempos de cosecha y el manejo de racimos enteros, que ayuda a preservar la frescura del vino. Además, los consumidores están prefiriendo cada vez vinos más frescos y fluidos, lo que nos lleva a ajustar nuestras técnicas para asegurar que el vino mantenga esa frescura, sin sacrificar la calidad.

-A medida que avanza el conocimiento científico en la vitivinicultura también cambió la forma en que se entiende la "mineralidad" en los vinos, un término cada vez más utilizado. ¿Cómo viviste ese cambio de paradigma?

-Sin duda, la ciencia ha jugado un papel crucial en desmentir muchos mitos. Por ejemplo, antes se pensaba que el calcio en los suelos influía directamente en la sensación de tiza en los vinos, pero ahora sabemos que no es tan simple. Hay muchos factores complejos que juegan un papel, y es necesario estudiar más a fondo cada región y sus particularidades. Esto nos ha permitido cuestionar nuestras creencias y mejorar el trabajo en la bodega.

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"Hemos ido logrando vinos más auténticos y genuinos como nunca antes", asegura Andrea Ferreyra

-Hablando de avances, ¿cómo ves la evolución de los vinos argentinos? Cada vez más se habla de que estamos haciendo los mejores vinos de nuestra historia. ¿Estás de acuerdo?

-Totalmente de acuerdo. Lo que antes parecía inimaginable, hoy es una realidad. Cuando comencé, por ejemplo, los vinos blancos no duraban mucho, se oxidaban rápido, y ahora los vinos tienen una vida mucho más larga. La calidad ha mejorado, y creo que cada año, con más conocimiento y más confianza, hemos ido logrando vinos más auténticos y genuinos como nunca antes. Eso es algo que se aprecia en cada copa.

-Hablando de innovar, vienen de presentar el primer Pinot Noir de la bodega, dentro de la línea Elite. ¿Cómo fue el proceso desde que lo pensaste hasta que lo embotellaste?

-El Pinot Noir ha sido un gran desafío para nosotros. Comenzamos hace dos años, con mucha experimentación, sin la presión comercial. El proceso fue enriquecedor, no solo desde el punto de vista técnico, sino también como equipo. Aprendimos mucho de otros Pinot Noir de distintas partes del mundo, y eso nos permitió entender mejor lo que queríamos lograr. El Pinot Noir es una de las variedades más desafiantes, tiene todo para salir mal: un racimo con forma de piña, de uva chiquita, de piel fina y bayas compactas, muy delicada y alcanza la madurez más rápido, lo cual exige ser muy precisos en el momento de la cosecha, pero es una variedad que nos apasiona. Además, en Bodega La Celia estamos dentro de una zona privilegiada para la elaboración de vinos de alta gama, con un viñedo propio que ya ha logrado su equilibrio y su madurez, y esto, justamente, es lo que queríamos contar con este vino: las bondades y cualidades de este terroir.

-¿Y qué se viene para la bodega en 2025?

-Para 2025, estamos muy emocionados con lo que estamos trabajando. Vamos a seguir explorando variedades y técnicas innovadoras, y sin duda, vamos a seguir perfeccionando el trabajo con el Pinot Noir. También, como contaba, tenemos proyectos para seguir ampliando la biodiversidad en nuestros viñedos, lo cual creemos que va a marcar una diferencia importante en la calidad de nuestros vinos.

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